domingo, 26 de septiembre de 2010

The sunshine never comes...

Anoche, en un acto de valentía extrema o de estupidez extrema, asomé mi cabeza a las puertas del infierno. Y entonces sentí el fogaje de las llamas calentarme la cara y chamuscarme algunos cabellos. Hoy cuando me levanté, me dí cuenta que no había sido un sueño... Tengo quemaduras de mi acto de imprudencia y siento el dolor de las flamas en mis heridas... Pensé que cerrar las puertas herméticamente haría que el oxígeno de la recámara avernal se agotara hasta que no quedara más por arder y entonces se apagarían las llamas... Me equivoqué.

Anoche releí las páginas oscuras de mi antiguo diario. Aquel con hojas llenas de sangre, lágrimas y letras ilegibles por la rabia. Y definitivamente no soy la misma persona, pero esa persona, la persona que escribió, está aquí, en algún lado, escondida, amarrada. Fueron sus palabras las que oía anoche mientras soñaba con perros deformados sin ojos y sin piernas... Fue ella la que me trajo las pesadillas.

Y entonces, en un esfuerzo por recuperarme del dolor de las pesadillas y de las heridas abiertas por el fuego me repito a mí misma que no soy la misma persona, que mi vida ha cambiado, que ahora hay cosas buenas. Y es cierto, ya no me despierta el ladrido incesante de un perro amarrado a sol y a lluvia en un pato descubierto, ni la pregonera de los tamales, me despierta el sonido de los pájaros y el carrito de helado. Veo gatos todas las mañanas por mi ventana, y escucho mi nombre a diario. Es cierto que ahora entra el sol o el no sol por mi ventana, que dispongo de espacio suficiente, que puedo llorar mientras cocino y me baño sin la angustia de poner en vulnerabilidad lo que soy... Pero aún así, haciendo cuentas, nada ha cambiado tanto. Tengo tantos sueños rotos como entonces, tantas esperanzas perdidas... Y lentamente me ha venido invadiendo el miedo que me causa el dolor. Siento sin más, que mi vida ha sido una sucesión de fracasos, que lo que sea que tengo que aprender, aún no lo aprendo... Entonces ¿Qué ha cambiado?

Todo el mundo se va de viaje, todo el mundo sonríe en las fotos de facebook (Cuando entré al infierno, no existía o no usaba tal invento) y siento entonces una sensación de horrorosa inmovilidad. No quiero sonreír a ninguna foto ni fingir enamoramiento para parecer feliz, pero tampoco quiero estar triste y quieta.

En tres años han sido realmente pocos los Domingos que no he amanecido sola... Hoy no fue la excepción. Los gatos duermen en el tejado de en frente, pongo la música a todo volumen para llenar la casa, y sin embargo, sigo sin escuchar mi nombre.

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