"Al mismo río entras y no entras, pues eres y no eres"
Heráclito de Efeso
(Offtopic: Pienso que hay que tener muchas ganas de escribir cuando se tiene el dedo índice izquierdo incapacitado e igual se sigue intentado!)
Mi profesor de grabado(materia a la que asisto porque dispongo de MUCHO tiempo libre(ya quisiera)) me aceptó en su clase con una condición: Debo presentar entregas como todo el mundo así no tenga nota. La semana antes a mi enfermiza semana de receso, tenía entrega, pero dado que estoy viendo matrícula completa y con doble enfásis, el tiempo no me alcanzó para hacer una entrega más para una materia que ni siquiera tengo inscrita. Había fallado a la única condición que tengo para poder entrar a ocupar puesto y prensa en una clase que está toteada. Ese mismo día, el viernes, me encontré con el profesor. Cabizbaja y con vergüenza le pedí disculpas por mi irresponsabilidad y le pedí una segunda oportunidad. Él, me la dio.
Cualquiera pensaría que una segunda oportunidad es justo lo que uno necesita para estar tranquilo. Pero luego de que el cubano, como lo llamamos cariñosamente, me diera dos semanas más para terminar, empecé a sentirme estresada.
Las segundas oportunidades son reconciliaciones, con uno y con el otro, pero también son pruebas... Cuando se pide una segunda oportunidad, se está seguro o si no se está, por lo menos se tiene la intención, de ser y hacer las cosas de manera totalmente diferente para hacer que funcionen. Las segundas oportunidades en realidad son retos, y de hecho, la persona que permite la segunda oportunidad siempre está pendiente con ojo crítico de que el "perdonado" no vaya a caer en los mismo errores.
En los últimos tres años(período de mi vida que concentra la mayor cantidad de errores cometidos) he tenido, en general, suerte con las segundas oportunidades. Muchas veces se me han concedido y casi que podría decir que en todas las ocasiones he logrado satisfacer las expectativas. La humanidad yerra y yo soy tanto de mierda y carne que una de las "cualidades" que he tenido que desarrollar con mayor urgencia ha sido la humildad... Nadie me cree, pero debajo de ese ego, hay bastante de humilde.
Las últimas semanas han sido de un tira y afloje con el pasado bastante intenso. Se me ha pedido espacio como yo lo he pedido para volver a intentar. No he hecho amigos nuevos, pero con muchas de las personas con quienes he salido ha sido como si fuera la primera vez que nos habláramos. He dado segundas oportunidades cuyas expectativas no han sido llenas y se me han negado otras... He aprendido que a veces pedir disculpas no es pedir una segunda oportunidad y también, que a veces quien pide una segunda oportunidad no está pidiendo disculpas. Pero también he sentido que hay segundas oportunidades que no existen... Hay reencuentros imposibles y a los cuales, darles una segunda oportunidad sería generar un lugar para la tragedia de manera premeditada.
Hay formas de reconciliarse con el pasado, y las segundas oportunidades, a pesar de ser retos, creo que son las más gratas... pero a veces, toca hacer como con las tumbas... Visitar monumentos y dejar flores a los muertos, esperando que quizás en otra vida, si es que existe, nos volvamos a encontrar con ellos.
Hora de escribir los epitafios.
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