domingo, 26 de septiembre de 2010

Entrada al hospital

Acabo de llegar del hospital... Me encantaría decir que hacía tantos meses, años, lo que fuera no pisaba uno. Pero lamentablemente mi salud no es, en el momento, envidiable. En la última semana, contando la reciente incursión, han sido 5 visitas. Pensé que un día no podía ser más intenso. Un día donde nada pasó pero sentí tantas cosas... tantas, tan diferentes. Donde no he dejado de escribir ni de soñar. Un día donde no estuve en ningún lugar donde estuve... Sin embargo, mi cuerpo me tenía que recordar cuál es el aquí y el ahora. Entonces sentí dolor, miedo, frío, se me subió la presión arterial. Es imposible fantasear con un pasado lejano cuando en el momento presente tu dedo está sangrando profusamente y tienes que hacer una presión dolorosa para retener el sangrado.
Hay un teoría del psicoanálisis que dice que cierto tipo de accidentes, sobre todo, los llamados estúpidos, ocurren cuando el ello no está a gusto con su situación actual. Supongo que ese accidente, era de esperarse. Es más, cuando me corté no me sorprendí y fue, evidentemente, un accidente estúpido.

De vuelta a la casa y después de haber sido tratada como ganado en la urgencia del hospital, estoy sorprendida de lo aturdidora que puede ser la realidad. Mis sueños con perros leones y perros deformes son menos desestabilizantes que una visita al hospital a las 10 de la noche un Domingo. empiezo a escribir esto a las 11:57 de ayer pero termino de escribirlo hoy en la mañana por cuestiones "técnicas" Y a pesar de las horas que han pasado y los sueños que he tenido, me siento totalmente arrancada de la normalidad.

El cuerpo sangra y siente, mi cuerpo tiene memoria, una excepcional. Sabe cuando se cumplen aniversarios de fechas que yo no recuerdo y me lleva cuentas exactas de cuantos besos, resfriados, accidentes, cortadas, quemaduras, abrazos he vivido.
La de anoche fue una cortadura accidental y dolorosa, más dolorosa que las que alguna vez realicé sobre él intencionalmente, a pesar de que ambas comparten propiedades de profundidad y objeto cortopunzante... Sin embargo las accidentales duelen más, porque eso son los accidentes... cosas que no queremos que pasen, aunque las queramos... Como diría el Chavo "Sin querer queriendo". A veces siento que mis accidentes son fantasías, son fantasías que me arrancan de la realidad(¿o me devuelven a ella?), me dan un pretexto para levantarme tarde el día siguiente y no hacer los trabajos que me esperan, pero más allá de eso, son fantasías porque todos, absolutamente todos, me sacan del reino del calendario donde vivo y me traen al reino del absurdo, al reino donde escribo con el medio y no con el índice, donde soy ganado en una urgencia, donde cualquier cosa que haya hecho el día de ayer sin importar cuan estúpida o absurda haya sido, adquiere sentido, sólo porque al final del día, como una cereza en el pastel, estaba predestinada a volarme un pedazo del dedo.

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