"Así, montados en nuestro cubo nos asomaremos al próximo milenio sin esperar encontrarnos nada más que aquello que seamos capaces de llevar. La levedad, por ejemplo..."
Italo Calvino- Seis propuestas para el nuevo milenio
En el último año me he enfrentado a dos autores que me han hecho replantearme mis conceptos de lo real y lo importante. Uno de ellos es Italo Calvino. La cita que tomo hace parte de al primera de 6 conferencias que tenía planeadas para dar en alguna universidad, cita que nunca pudo cumplir ya que sólo llegó hasta la 5ta y algunos apuntes y esbozos de la 6ta. Pero más allá del morbo que despiertan las obras con ediciones póstumas, en este libro encontré una palabra magnífica que luego me llevaría a encontrarme con el segundo escritor que me pondría "patas arriba". El término del que hablo es Levedad. Curiosamente, Kundera, el otro autor del que hablo, y Calvino que son de la misma generación trabajan el problema de la levedad, pero desde perspectivas diferentes. Mientras que para Kundera la Levedad es el sino que determina la futilidad de la vida y las acciones humanas, Calvino ve en la ella el arma, el único arma, capaz de derrotar a la medusa.
Es curioso, que habiendo leídos a ambos autores, no me posiciono del lado de ninguno. Tanto la levedad salvadora de Calvino como la levedad condenatoria de Kundera se me hacen completamente aprehensibles y cuando pienso en cada una de ellas, siento la capacidad de emancipatoria de la primera y el terror de la fatalidad en la segunda.
Sin embargo, hoy en particular, me quiero enfocar en la levedad de Calvino y en una imagen específica de esta levedad. Hablo de la imagen del cubo, sobre el que uno vuela. Es como una alfombra voladora en la cual uno puede guardar cosas. El dilema con el cubo entonces es ¿Qué llevar en él? Según Calvino no debemos pretender cargar con más cosas que las que caben en el cubo, pero además de eso, hay que tener en cuenta el peso de los objetos que decidimos cargar.
Cuando uno tiene un espacio tan limitado para llevar las cosas, empieza a preguntarse acerca de sus prioridades y necesidades reales. Y en lo personal me ocurre que siempre que emprendo este ejercicio, me encuentro con centenares de cosas pesadas que no me permiten embarcarme en mi "cubo volador" hacía nuevos destinos. Y desechar esas cosas siempre resulta difícil, porque, aunque no se sean prioritarias, si uno decidió meterlas en el cubo en un principio fue por algo.
Hay cosas pequeñas, no prioritarias que creo que vale la pena cargar, pequeños post it, memorias que nos protegen o nos confortan, pero más allá de eso, cargar con culpas o memorias dolorosas que no tienen ninguna utilidad no sirve para nada. Y sin embargo, quedan siempre algunas cosas que no quiero desechar del todo. Está bien, conservo esas cosas, pero no las llevo en mi cubo, no conmigo, las escribo... "write them down" , esas cosas se quedan en tierra, mientras yo, con mi cubo nuevamente vacío, despego hacía nuevos destinos.
Es curioso, que habiendo leídos a ambos autores, no me posiciono del lado de ninguno. Tanto la levedad salvadora de Calvino como la levedad condenatoria de Kundera se me hacen completamente aprehensibles y cuando pienso en cada una de ellas, siento la capacidad de emancipatoria de la primera y el terror de la fatalidad en la segunda.
Sin embargo, hoy en particular, me quiero enfocar en la levedad de Calvino y en una imagen específica de esta levedad. Hablo de la imagen del cubo, sobre el que uno vuela. Es como una alfombra voladora en la cual uno puede guardar cosas. El dilema con el cubo entonces es ¿Qué llevar en él? Según Calvino no debemos pretender cargar con más cosas que las que caben en el cubo, pero además de eso, hay que tener en cuenta el peso de los objetos que decidimos cargar.
Cuando uno tiene un espacio tan limitado para llevar las cosas, empieza a preguntarse acerca de sus prioridades y necesidades reales. Y en lo personal me ocurre que siempre que emprendo este ejercicio, me encuentro con centenares de cosas pesadas que no me permiten embarcarme en mi "cubo volador" hacía nuevos destinos. Y desechar esas cosas siempre resulta difícil, porque, aunque no se sean prioritarias, si uno decidió meterlas en el cubo en un principio fue por algo.
Hay cosas pequeñas, no prioritarias que creo que vale la pena cargar, pequeños post it, memorias que nos protegen o nos confortan, pero más allá de eso, cargar con culpas o memorias dolorosas que no tienen ninguna utilidad no sirve para nada. Y sin embargo, quedan siempre algunas cosas que no quiero desechar del todo. Está bien, conservo esas cosas, pero no las llevo en mi cubo, no conmigo, las escribo... "write them down" , esas cosas se quedan en tierra, mientras yo, con mi cubo nuevamente vacío, despego hacía nuevos destinos.
Esta mañana, caí en cuenta de que mi cubo estaba de nuevo demasiado pesado para ser un vehículo eficiente, ya no era la nube voladora sino un Titanic hundiéndose por su propio tamaño... El cubo finalmente no es muy grande, tiene el tamaño preciso para llegar lejos, con sólo lo necesario.
Lo que me devolvió Calvino con su idea de la levedad es la seguridad de que la única condición para alzar vuelo, es no llevar ningún peso encima.
Lo que me devolvió Calvino con su idea de la levedad es la seguridad de que la única condición para alzar vuelo, es no llevar ningún peso encima.
1 comentario:
No he leído a ninguno de los dos autores, pero me imagino que el concepto de Levedad debe ser como el opuesto a lo Trascendental, así que en algún modo debe ser muy liberadora, aunque no lo ideal para seres que se castigan a sí mismos por la eterna carencia de algo más. El viejo dilema de buscar o resignarse.
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